21 de mayo de 2014

Parte de Condell

Carlos Condell de la Haza
Parte de Condell sobre el combate de Punta Gruesa

Comandancia de la goleta «Covadonga.»

Antofagasta, Junio 6 de 1879.
Señor almirante:

Tengo el honor de dar cuenta a US. del combate ocurrido el día 21 próximo pasado en las aguas de Iquique, entre el buque de mi mando i la Esmeralda, contra los blindados peruanos Huáscar e Independencia.
Cumpliendo las órdenes de US., nuestros dos buques continuaban desde el 17 sosteniendo el bloqueo del puerto de Iquique. Al amanecer del citado día 21, nos encontrábamos haciendo la guardia a la entrada del puerto, mientras la Esmeralda vijilaba el interior. 
A las 6h. 30 m. se avistaron dos humos a 6 millas al N., pudiendo reconocer al blindado Huáscar i momentos después al Independencia. Para mayor seguridad, avancé dos millas en su dirección i reconocidos los buques enemigos volví al puerto, poniendo señales a la Esmeralda de «dos vapores a la vista», disparando un cañonazo de aviso. Comprendida la señal por la Esmeralda, preguntó: «¿almorzó la jente?» I contestando afirmativamente, puse nuevas señales, ordenándonos «reforzar las cargas,» i en seguida «de seguir sus aguas.»

Nuestros buques avanzaron tres millas al N. en dirección al enemigo, enfrentando a la quebrada de Iquique i en disposición de batirnos. En este lugar i estando al habla nuestros dos buques a distancia de 100 metros, el comandante Prat nos dijo al habla: «Cada uno cumplir con su deber.» I a distancia de 100 metros cayó el primer disparo del Huáscar en el claro que nos separaba. Ambas tripulaciones saludaron esta primera demostración del enemigo con un «¡Viva Chile!» i ordenándonos la Esmeralda abrigarnos con la población, volvimos al puerto, tomando aquel buque su primera posición, colocándome con el mío en los bajos de la isla. Colocados así, rompimos nuestros fuegos sobre el Huáscar, que nos atacaba rudamente. La Esmeralda dirijia también sus proyectiles al mismo buque, haciendo por nuestra parte abstracción de la Independencia que nos hacia fuego por batería, pero cuyas punterías eran poco certeras. 

Una hora había pasado en este desigual combate, cuando observé que el Huáscar gobernaba sobre la Esmeralda, dejando pasar por su proa a la Independencia, que se dirijió rectamente a atacarnos. En ese momento estábamos a 50 metros de las rompientes de los bajos, corriendo el peligro de ser arrastrados a la playa; de tierra se nos hacia fuego de fusilería i la Independencia se acercaba para atacarnos con su espolón. Comprendí entonces que mi posición no era conveniente; desde ese punto no podíamos favorecer a la Esmeralda que se batía desesperadamente. Una bala de a 300 del Huáscar había atravesado mi buque de parte a parte, destrozando en su base el palo trinquete. Goberné para salir del puerto, dirijiendo todos mis fuegos sobre la Independencia, que a distancia de 200 metros enviaba sus proyectiles.

Al salir de los bajos de la isla, fui sorprendido por una cantidad de botes que intentaron abordarnos; rechazado este ataque con metralla de a 9 i fusilería, continué rumbo al Sur seguido por la Independencia, que intentó tres veces alcanzarnos con su espolón. Nuestra marcha en retirada era difícil; para utilizar nuestros tiros teníamos que desviarnos de la línea de la costa, aprovechándose la Independencia, para acercarse i hacernos algunos certeros tiros por baterías, i con su coliza de proa i las ametralladoras de sus cofas. El tercer ataque parecía ser decisivo: nos hallábamos a 250 metros del enemigo que, sin disminuir sus fuegos, se lanzó a toda fuerza de máquina sobre nuestro buque. En ese instante teníamos por la proa el bajo de Punta-Gruesa. No trepidé en aventurarme pasando sobre ella rozando las rocas; el buque enemigo no tuvo la misma suerte: al llegar al bajo se varó, dejando su proa levantada.
Inmediatamente viré i colocándome en posición de no ser ofendido por sus cañones, que seguían haciéndonos fuego, le dirijí dos balas de a 70 que perforaron su blindaje.

Fué en este instante cuando el enemigo arrió su bandera junto con el estandarte que izaba al palo mayor, reemplazando.estas insignias con la señal de parlamento. Ordené la suspensión del fuego i púseme al habla con el comandante rendido, quien de viva voz me repitió lo que ya me habia indicado el arriar de su bandera, pidiéndome al mismo tiempo enviase un bote a su bordo. Ésto no fué posible verificar, no obstante mis deseos, porque en ese momento el Huáscar se aproximaba. Ademas nuestra máquina solo podia trabajar con cinco libras de presión i el buque hacia mucha agua a causa de los balazos recibidos; por todo esto creí aventurado pasar a bordo del buque rendido. Intertanto, la tripulación de la Independencia se refujiaba en tierra, parte en botes i parte a nado, abandonando al buque que quedaba completamente perdido.

El desigual combate anterior habia durado hasta las 12 horas 35 minutos, es decir, cuatro horas. Durante él se dispararon:
38 balas sólidas de a 70.
27 granadas de a 70, 30 id. comunes de a 9.
4 id. de segmento de a 9.
15 tarros de metralla i 34 balas de a 9.
3,400 tiros a bala i 500 tiros revólvers.

Las pérdidas de vidas son las siguientes:
Cirujano 1.° don Pedro R. 2.° Videla, que una bala le destrozó los pies i murió a las siete de la noche.
Grumete, Blas 2.° Tellez.
Mozo, Felipe Ojeda.

Heridos:
Don M. Enrique Reynolds, en un brazo en circunstancias de hallarse en el puente de ayudante del que suscribe.
Contramaestre 2.°, Serapio Vargas.
Guardian 2.°, Federico Osorio.
Fogonero 2.°, Ramón Orellana.
Marinero 2.°, José Salazar.
Soldado, Domingo Salazar.

Los daños causados por las balas enemigas son:
Una bala de cañón de a 300 que atravesó el buque de babor a estribor, rompiendo el palo de trinquete en el entrepuente i salió a flor de agua. Este proyectil fué el que en su trayecto hirió al cirujano i al mozo. Dos balazos dados, uno en la carbonera de popa i el otro en la de proa, ambos a estribor a flor de agua.

El segundo bote destrozado i la chalupa perdida totalmente con uno de sus pescantes. 
La jarcia del palo mayor i trinquete cortados de banda a banda, i la del segundo a estribor.
A popa, en la bovedilla, una bala dejó su forma sin penetrar, e innumerables tiros de rifle como de ametralladora, en todo el buque.

Según he espuesto, al dejar el costado de la Independencia, avistamos al Huáscar que se nos acercaba a toda fuerza de máquina. La presencia de este buque nos hizo temer la pérdida de la Esmeralda, incapaz de resistir por mucho tiempo los ataques de tan poderoso enemigo.

Sin embargo de lo desventajoso de nuestra situación, pues estábamos casi destrozados, las municiones agotadas, sobre todo las balas sólidas, i la tripulación rendida con cinco horas de trabajo constante, tomé todas las precauciones para emprender un segundo combate.

Poco después i cuando el enemigo estaba a 5 millas de nuestra popa, i por la cuadra del vencido, vi dirijir su proa en su ausilio. Este retraso nos permitió avanzar, distinguiéndolo nuevamente a 10 millas i siempre en nuestra persecución.

En la oscuridad de la noche perdimos de vista al enemigo, i aprovechando la brisa que soplaba, hice rumbo al O. Proseguí en esa dirección hasta las 12 M. hora en que, creyendo que el Huáscar hubiese cesado de su propósito, me dirijí hacia tierra.

Antes de terminar la narración de los sucesos de este dia, me permitiré manifestar a V. S. que los oficiales tanto de guerra como mayores se condujeron valientemente, estando cada uno a la altura de las circunstancias, cumpliendo como oficiales i como chilenos.

La tripulación toda, sin escepcion, ha hecho cuanto podia exijirse, estando en el ánimo de todos la resolución de morir, sin arriar nuestra bandera.

Hago una recomendación especial del teniente l.°don Manuel J. Orella, cuyo valor, resolución i serenidad en su puesto, son dignos de elojio. A la vez hago mención especial del buen desempeño del injeniero 2." don Emilio Cuevas, bajo cuya dirección está la máquina.

Al amanecer el dia siguiente 22, recalamos al rio Loa, fondeando en Tocopilla a las 8.30 P. M. En este punto fuimos auxiliados por jente de tierra que ayudó a achicar el buque, i por carpinteros que hicieron las reparaciones mas urjentes i necesarias para poder continuar el viaje.

Antes de salir, cumplimos con el penoso deber de enviar a tierra i depositar solemnemente en la iglesia del pueblo, los cadáveres de las tres personas fallecidas en el combate, acompañando a este acto una comisión compuesta del teniente Lynch i del contador Reynolds i parte de la tripulación.

En la tarde del dia 23 salimos de Tocopilla con rumbo al Sur hasta las once de la noche, en que a causa del fuerte viento i no avanzando sino una milla por hora, resolví volver al puerto indicado i esperar mejor circunstancia.

A las 5 A. M. del 24 zarpé nuevamente al Sur, aprovechando la calma de la mañana. Una floja brisa del Norte me permitió largar velas, fondeando en Cobija a las 12 M. En este puerto nos pusimos al habla con el vapor Santa Rosa, que venia del Norte, embarcando en él con destino a Antofagasta a los heridos i al contador que debia solicitar del jeneral en jefe el envió de algún vapor que nos diera remolque.

Salí de Cobija a las 3 P. M., i navegando mui cerca de la costa, pasamos mui a la vista de Mejillones, i aprovechando la brisa terral, seguimos rumbo a Antofagasta hasta la mañana del dia siguiente, dia en que a veinte millas de este puerto recibimos remolque del vapor Rimac que nos condujo al fondeadero, largando el ancla a las 3 P. M. del 25. A las 3 A. M., un fuerte temporal del E. rompió el ancla i tres espías que amarraban el buque, i a pesar de fondear la segunda ancla con 90 brazas de cadena, fuimos arrastrados 5 millas afuera.
A las 8 A. M. fuimos tomados a remolque por dos vaporcitos del puerto i conducidos a la dársena, donde fuimos amarrados convenientemente con un ancla i varias espías.

A la una de este mismo dia, cuando creíamos estar en seguridad, nuestro vijía anuncia la aparición del Huáscar por el SO. i a poca distancia del puerto. Tomé inmediatamente una posición queme permitiera defenderme; i percibiendo al buque enemigo que se dirijia a apresar al trasporte Rimac que huia al N., le dirijí dos tiros con el fin de distraerlo i dar tiempo para la salvación del trasporte. Esto se consiguió, porque el Huáscar paralizó un momento su marcha, siguiendo momentos después eu su propósito, pero inútilmente. A las 4 P. M. el Huáscar volvió al puerto, i después de un prolijo estudio de la costa, lanzó su primer tiro a nuestro buque. Inmediatamente fué contestado por nuestros cañones i los fuertes o baterías de tierra, siguiéndose un tiroteo de dos horas sin resultado notable, habiéndose consumido por nuestra parte 35 tiros
de bala sólida.

La tripulación de la Covadonga, a pesar de solo haber recibido tres o cuatro instrucciones sobre el manejo de la artillería, estaba ya en actitud de desempeñar su puesto en combate. No obstante, los oficiales que comandaron las colizas de a 70, solicitaron de mí como un honor el ocupar los puestos de cabos de cañón.

Así, el teniente Orella en la coliza de proa, i el teniente Lynch en la de popa, apuntaron i dieron fuego durante todo el tiempo, obteniendo el manejo mejor que pudiera desearse.

Al presente me hallo con el buque de mi maudo fondeado en la dársena del puerto, que solamente tiene 2 a 3 brazas de agua; i por consiguiente, al descomponerse la barra con la marejada, la quilla toca en el fondo i hace sufrir al buque, circunstancia que la hago notar para que V. S. se sirva tomar a la mayor brevedad la resolución mas conveniente.

El departamento de la máquina que, como ya he dicho a V. S., ha sido atendido por el injeniero Cuevas i sus subordinados, se halla a la fecha listo con un solo caldero (pues el otro está inutilizado) i después de haber cambiado un émbolo que oportunamente recibimos de Valparaíso.

No omitiré la circunstancia de hacer presente aV. S. que el mayor andar conseguido durante el combate del 21 nunca fué de mas de 4 millas.
Es cuanto tengo el honor de dar cuenta a V. S.

Dios guarde a V. S.
(Firmado).—Carlos Condell


**********************
Saludos
Jonatan Saona

No hay comentarios.:

Publicar un comentario